Te confié mis más tórridos secretos mientras en tu mente sembraba la duda,
girando en la infancia, la amargura
y el canto casi quedo en los abetos.
Te dabaen cada ínfimo detalle
cien sombras que giraban convencidas
y tú tomabas lentamente de mis bridas
las gotas que resbalan en mi talle.
Caí sinceramente enamorada
consciente de mi alma enloquecida,
avivando mi ilusión adormecida
de golpes y de ausencias ya colmada.
Anduve en mil caminos desterrada
buscando de tus labios los helechos,
silbando en mi memoria viejos hechos,
de notas y de cantos escarchada.
Mirabas los encantos de mi vida
como algo turbulento y casi ajeno,
cavabas hondamente junto al heno
la tumba de mis llantos y rehuías.
Cesé el intento de llenarte siempre
de grandes y pequeñas melodías,
pintaba de tus pálidos colores
la luz y la armonía de mis días.
Me quedo con tus pasos observados,
los llantos y la paz de tu mirada;
te dejo mi poesía encaminada,
me quedo la simiente de tus prados.
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