Nació de mí, de mi vientre,
pintando suavemente
de azul todos mis sueños;
bebía los ríos en mis valles,
ligando entre soles mis necesidades.
Crecía constante tiñendo mis muros
de verdes y marrones y todos los colores,
asiendo a sus manos mis enojos huecos,
sonriendo contento por los recovecos.
Llamaba a su padre limando asperezas
y pronto acudía con gran ligereza;
subía incesante por los protectores
y siempre gritaba causando pavores.
Lo veo tan grande, tan tierno y seguro,
lo miro despierto, tan fiel y maduro
y pienso que crece más blanco que oscuro.
De rosas y violetas pintaba mi mundo,
trayendo fantasías sobre su futuro,
convirtiendo en promesas
mis sueños de grandeza.
Escucho en su canto las risas naranjas
obteniendo de su voz tantas esperanzas,
y junto a mi pecho lo abrazo consciente
mientras que sus ojos me miran inocentes.
Aguardo los días del paso futuro
donde algún día estará seguro,
vertiendo en mi pelo con mis agonías
la pintura blanca de todos los días.
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