lunes, 3 de agosto de 2009
MATERNIDAD
La luna se paseaba por su mente
y pensó en lo grandioso de su vida:
desde la realidad de parir un hijo
hasta la loca fantasía de conservarlo
y de nunca más estar tan sola;
porque llegó después de tantas lágrimas,
después de tanto mancillar su cuerpo,
después de ser incluso, objeto,
de ser utilizada en la mentira.
Le besó la frente tibia, alba
y en sus labios conservó el calor
del beso antes dado,
ofreció al infante su regazo herido
recobrando su mente auroras olvidadas
y en su aroma de cálida fragancia
encontró temibles agonías de las horas,
ahora superadas al pensar
que era todo suyo, suyo y de su brida.
Contó todos los minutos que bebía
de sus blancos narcisos casi abiertos,
aunque el hondo dolor yacía en su pecho;
y lo amó con toda su alma
reuniendo su fe en aquél que la miraba,
reuniendo su esperanza en el anhelo
y el llanto que brotaba en sus espejos
aunando su existencia día a día.
Porque por él volvió a creer en el amor,
en aquél amor que nunca acaba,
amor enternecido en las entrañas
que iba más allá de su piel
y de todas las mentiras ofrecidas;
después cargó el cuerpo hasta la cuna
arrullando en el silencio al dormido,
pensando en que el mañana llegaría,
traería nuevos caminos junto al suyo.
Llegó el mañana como mar embravecido
y de su lecho arrancaron a ese niño
cubriendo con un velo su destino
mientras ella callaba en su garganta
el grito desgarrado de su alma;
salió de aquel lugar como había entrado
cargada de ansiedad y de rezago,
por siempre va cargando su ignominia
vestida de esperanza y de valía.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
.jpg)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Agradezco tu comentario.